Primera entrada desde Frankfurt, específicamente, desde el sillón retro de mi cuarto ,que veo que va a convertirse en mi mejor amigo dentro de la habitación. Es pequeñito, a topos marrones y rosas de diferentes tonalidades y muy pero que muy cómodo :)
Ayer me trajo Álex a la ciudad después de cenar, dejé mis cosas rápido en el cuarto y nos sentamos a charlar un rato con las chicas. Al rato, nos arreglamos un poco y nos fuimos en bicleta a una fiesta privada. Ir en bicleta por la ciudad a la una de la madrugada ya fue divertido (casi me trago una farola "por culpa" de un taxi), pero regresar a casa a las cuatro y comerse unos espagueti con ajo y aceite, cocinados por Paola, la chica italiana con la que vivo, fue todavía más; no me lo podía creer!
Según la romana y Jenny, una de las chicas alemanas de la WG (=piso compartido/de estudiantes), después de beber por la noche es imprescindible comer algo contundente justo antes de acostarse, preferiblemente huevos, para encontrarse bien al día siguiente. Os lo creáis o no, no he tenido ni pizca de resaca :)
El día de hoy ha sido como los primeros días en un piso nuevo: limmpieza, orden y más limpieza. Tengo la habitación medio vacía, pero poquito a poquito la iré redecorando a mi gusto. Por su parte, el vestidor, es decir, la otra habitación, pinta muy bien con el armario lleno, aunque también muero de ganas de empezar a rellenar la estantería y poner alguna lámina o foto.
Mañana he de estar en el cole para las primera clase (7:50), así que lo dejo aquí.
Lo que parecía imposible está a punto de suceder. Encontrar habitación en Frankfurt me costó muchísimo y, como me dijeron en uno de los pisos, en el que tampoco me escogieron, no se debía tanto a mí, sino que entraba dentro de la normalidad.
Por un lado, parece ser que en Frankfurt, ciudad de negocios por excelencia, hay más demanda que oferta; y, por otro, los castings para escoger compañero de piso son bastante más largos y, bajo mi punto de vista, machacantes que en España.
En tres semanas envié cerca de cincuenta mails, hice unas quince llamadas y visité doce pisos, si no me equivoco. Un día de la tercera semana, tirada en el sofá de un starbucks, eso sí, con un capuccino en taza de cerámica y un trozo de tarta de queso para aliviar las penas, decidí que no iba a permitir alargar el cásting una semana más y me prometí ser más clara y contundente con la gente.
Una hora más tarde, me reunía en un piso de al lado de la estación principal con tres chicas. El ritual fue el mismo que el de las otras veces: nos ponemos cómodos, te sirven café o zumo, sacan las lista de candidatos (de hasta 30 personas) y te presentas. Acto seguido, aunque no te vayan a escoger, deciden conversar contigo sobre el mundo, los estudios, o Alemania. En fin... que tú te mueres de ganas de ir directo al grano y ellos se ponen a hablar de cosas que no te interesa compartir porque posiblemente tampoco te escojan y tú debes darte prisa para no perder el tren a Giessen.
Me lanzo, les digo que flipo con los cástings de aquí y que no creo que sean demasiados válidos. ¿Acaso se acuerdan de las 25 personas que me preceden en la lista? ¿Para qué hablan del mundo si después no van a volver a ver a sus candidatos? Y lo del café, me he bebido ya unos cinco cafés, incluso me han ofrecido galletas, pero a la hora de la verdad nadie me ha llamado.
Se ríen, y, como no, defienden sus decisiones. Les doy razón (no estoy acostumbrada a discutir en alemán, es algo que todavía tengo que practicar), nos reímos todas, revisamos los datos de la lista y una de ellas sorprendentemente me acompaña a la puerta. Esto último es también curioso. En la mayoría de pisos, la gente no te acompaña, se despiden y esperan con cara de bobos a que te levantes y te vayas solito a la puerta... Te ofrecen café, pero no te acompañan a la puerta...
En fin, la cuestión es que me volví a la estación con una sensación extraña, tomé el tren y mientras revisaba los pisos que iba a ver el fin de semana, me sonó el teléfono. Era Jenny, una de ellas. Os juro que no me salía ni una sola palabra de lo nerviosa y emocionada que estaba. Por fin había encontrado piso; como no, cuando menos me lo esperaba :D
Ahora, mientras escribo el post, estoy recogiendo mis cosas. Esta noche (bueno, a las 6:30) vamos a cenar la familia alemana y yo para despedirnos y después Alex me llevará a Frankfurt. Es cuestión de minutos... y por fin, empezará la auténtica experiencia de auxiliar en una habitación y piso propios ^^
Saludos!
P.d.: la mayoría de habitaciones decentes no bajan de los 350, así que más o menos como en Barcelona o incluso más caro. Éste me cuesta 370 todo incluído, pero la verdad es que es un buen piso; solo que pueda os enseño las fotos.
Son las 11:27 de la mañana y voy camino de Berlín. He salido de Gieβen (a una hora en tren de Frankfurt) a las 09:05h hasta Kassel Wilhelmshöhe, donde he cogido otro tren a las 11:05, que no llega a Berlín hasta las 15:32, y a las 8:30, mientras esperaba el tren, casi muero congelada en el andén.
No sé los grados que teníamos pero juraría que no pasaban de 5. Ni el abrigo con peludo incluido en la capucha, ni las botas, ni la bufanda eran suficientes. Al mirar a mi alrededor, he comprobado que no era un problema de indumentaria, puesto que todos estaban igual que yo: pálidos y encogidos: un horror.
El tema del frío y de los grados me intriga bastante, y no dejo de imaginar la época a la que corresponderían en España. Estoy pensando en comprarme –si es que existe- un termómetro de bolsillo al estilo brújula, y sé que tarde o temprano tendré que hacerme con unas de esas botas gordas, peludas y feas para soportar el frío en los pies.
Una vez en el tren he confirmado mis sospechas: el campo, la hierba (no sé cómo decirlo) estaba cubierta de escarcha. Según la familia Seitz este mes está siendo más frío que de costumbre y empiezo a preocuparme, porque no sé qué (más) ropa voy a ponerme en enero o febrero…
Me preocupa también la sequedad en la piel y cómo combatir sin gastarme un dineral a la semana en cafés la sensación de frío por todo el cuerpo. No tenemos mar, pero sí tenemos humedad. Me explicaba Alex que se debe a que casi siempre está nublado y las nubes provocan lógicamente humedad, y también la provoca el suelo, que al ser tan verde casi siempre está húmedo. Es decir, que aquí el frío también se cala en los huesos y no basta con ponerse un buen abrigo.
Una opción para llevarlo mejor es comprarme (otra cosa más) un termo de esos metalizados o incluso forrado para que sea más calentito, con lo que me encontraría un paso más cerca de convertirme en una auténtica alemana. Otra, llevar en el bolso un buen surtidito de chocolatinas que, al menos en mi caso, funcionan de maravilla pero que por el bien de mi tripa es mejor evitar. Y finalmente, existe el Lidl.
Es como un “todo a 100” de antes o los bazares chinos de ahora solo que más caro. Se puede encontrar de todo: desde guitarras y bombos (en serio) hasta un secador extrañísimo para las perezosas (lo del secador es muy fuerte, intentaré conseguir una imagen para que lo veáis), pasando por chorizos, fruta, plantas, colchones, zapatillas… No he ido al Lidl más de dos veces en España, pero dudo que tenga tantísimas cosas como los de aquí.
Como decía, este supermercado es también una solución para combatir las bajas temperaturas, porque ofrece a un precio asequible una amplia gama de ropa interior. Hay fajas unisex para la espalda, zona lumbar y los hombros, y –atención–, pantalones de color beis tipo los calzoncillos largos que llevaban nuestros abuelos para ponértelos debajo de la ropa.
No quiero imaginarme con ESO puesto, por lo que aguantaré el máximo tiempo posible sin ellos. ¿Qué hace la gente con ellos cuando liga con alguien con el que aun no tiene mucha confianza? ¿De verdad las chicas llevan eso debajo de los pantalones? Y en las ocasiones más íntimas, ¿cómo lo hacen? ¿Su pareja o ellas mismas se quitan primero el pantalón y después la horrorosa malla beis? ¿No es un poco antiestético? ¿No se pierde toda la pasión o el romanticismo de golpe?
En cualquier caso, por mucho que me pese, es más que probable que cuando vuelva a Alemania después de Navidad ya tenga un par de ellos el armario, un termo en la cocina, y unas botas marrones peludas en la entra del piso... Alemanizarme supone renunciar a mis (sencillos) principios estéticos y costumbres españolas, pero antes eso que morirme de frío como esta mañana.
Resulta que en Alemania las saunas se llevan mixtas y meterte en ellas sin quitarte la toalla es de ser un bicho raro, por lo que debe evitarse a toda costa. Alex me lo contó hace unos días, cuando me ofreció ir con él y unos amigos y amigas suyos, y no me lo podía creer. Seré puritana o lo que él y sus modernos compatriotas quieran, pero yo no concibo tumbarme en una sauna con cinco señores o chicos a mi alredor, así que le pedí a Christa que me llevara a una solo para mujeres.
Nunca había estado en una sauna, sí me imaginaba cómo podía ser la experiencia, pero al entrar al recinto y ver todo aquello me quedé con la boca bien abierta y, lo que es peor, no pude cerrarla hasta llegar a casa. Por un lado, la zona de saunas era inmensa. Había repartidas por ella diferentes tipos de saunas, piscinas pequeñas, duchas, salas de relajación o lectura. Y por otro, me sorprendió también lo relajadas que se mostraban las mujeres, como si estuvieran en su propia casa.
Explicar todas las saunas sería demasiado pesado, pero sí me apetece dejar caer algunos detalles que a mí, por ignorante o inocente, me llamaron muchísimo la atención:
1)En la primera sauna en la que estuvimos, había 90 grados, ¿estamos locos o qué? ¿Tanto calor podemos soportar? Estoy alucinada, de verdad.
2)Existen unas saunas que sueltan además vapor (Dampfsaunas), y ayudan a que se abran los poros de la piel enseguida. Las mujeres van preparadas y llevan consigo esponjas o guantes exfoliantes, por lo que además de disfrutar de la sauna, salen con la piel exfoliada.
3)Los alemanes siempre están a la vanguardia y lo de ayer me pareció demasiado surrealista (Krass!). Tuve la sensación de estar en una película por la multiplicidad de opciones de las que disponía para relajarme y por el ambiente en general.
4)No obstante, muchas opciones, sí, pero si es un masaje integral, ¿por qué no me masajearon también la tripa? ¿No se dan masajes ahí? Aiss creo que estoy muy verde en el tema.
5)Por último y muy importante: para disfrutar plenamente de la sauna es necesario dejar en casa la vergüenza; si no pasa lo que me pasó: que te sientes fuera de lugar y te vas tensando cada vez más.
Pero bueno, ya está hecho. No sé si voy a volver, pero al menos descubrí y conocí de primera mano que las saunas también forman parte de la cultura alemana, ¡y de qué manera!
Saludos!
p.d.: dejarse en casa la vergüenza significa dejárselo todo: incluida la ropa interior, el bañador, o el biquini. Unas chanclas, una toalla para acostarse encima y listo; qué duro, por dios!
Estos primeros veinte días en Alemania han sido agotadores aunque tampoco haya hecho demasiado. O sí, no sé, creo que el problema más bien ha sido que la presión del cambio me carcomía psicológicamente. Nuevos paisajes, un tiempo que nada tiene que ver con el de España, melancolía -como no-, trenes, madrugones, castings con café y zumo para encontrar habitación en Frankfurt... en fin, un desastre.
Las cosas, sin embargo, empiezan a encauzarse y poco a poco me voy sosegando y acostumbrando a este nuevo contexto. El handicap del idioma sigue ahí, pero sé que es cuestión de tiempo. Con lo que sí tengo menos problemas ya es com la vergüenza. No creo que la pierda del todo porque además de ser vergonzosa, me parece en parte necesaria, pero después de lo de esta tarde, digamos que he perdido una parte de ella.
Me refiero a la experiencia de la sauna con Christa, la madre del chico alemán en cuya casa vivo. Nunca había estado en una sauna en España pero dudo que las sesiones allá duren cuatro horas como la nuestra y que funcione TODO como aquí... En cualquier caso, la descripción detallada del acontecimiento viene después; ahora me basta decir que ha sido el último empujón que necesitaba para iniciar el blog.
Me siento como si me hubiesen quitado dos kilos y me hubiesen mudado la piel. Además esta mañana me he cortado el pelo (sí, otra vez, lo sé) y aunque es probable que a muchos no les guste, a mí si me gusta y estoy contenta. Está perfecto para empezar a dejarlo crecer. Con el corte empieza una etapa nueva, again.
Por si fuera poco, mañana me voy a Berlín, así que creo que con tantas buenas vibraciones es el momento de postear mi primera entrada y confieso que estoy emocionada, para (no) variar :D
Más en la siguiente entrada.
inma
p.d.: cuánto me alegra poder compartir por fin mi estancia en Alemania. p.d.: besos!
Una auxiliar de conversación española que aterriza en Alemania un 23 de septiembre, vive casi un mes en casa de una (típica) familia alemana, encuentra piso en Frankfurt y se decide finalmente a compartir su experiencia con todos.